Un antihipertensivo alivia las pesadillas postraumáticas
En la dosis administrada, el fármaco, de la familia de los alfabloqueantes, no afectó a la tensión arterial. Su principal ventaja frente a los fármacos inductores del sueño es que no tiene ningún efecto sedante ni merma las capacidades diurnas.
Cuarenta veteranos de guerra estadounidenses han validado la utilidad del antihipertensivo prazosina como tratamiento para las pesadillas asociadas al trastorno por estrés postraumático.
Durante ocho semanas, la mitad de los veteranos recibieron el fármaco en una dosis escalonada que empezó por un miligramo al día antes de dormir y nunca superó los quince miligramos. Al resto de participantes se le administró un placebo. Tras el periodo de estudio, los pacientes que tomaron el alfabloqueante adrenérgico mejoraron significativamente la calidad de su sueño, redujeron las pesadillas traumáticas y percibieron una mayor sensación de bienestar general.
El estudio, que se publica en el último número de la revista Biological Psychiatry, ha sido coordinado por Murray Raskind, director del Servicio de Salud Mental del Sistema de Veteranos Puget Sound, en Seattle (Washington). La ventaja del antihipertensivo estudiado frente a otros inductores del sueño es su menor coste y su mecanismo de acción que no induce el sueño, aunque sí logra mejorar su calidad.
Mecanismo de acción
Las pesadillas traumáticas aparecen durante las fases de sueño ligero o por la alteración de la fase REM, a diferencia de los sueños (ya sean placenteros o no) que ocurren durante la fase REM normal. La prazosina actúa bloqueando la respuesta cerebral al neurotransmisor norepinefrina, lo que normaliza y aumenta el sueño REM. La vida media de este antihipertensivo es de seis a ocho horas.
A diferencia de otros, la prazosina no induce tolerancia, lo que significa que se puede tomar durante años sin necesidad de ir aumentando la dosis. Eso sí, cuando los veteranos del estudio dejaron de tomarla, "las pesadillas traumáticas volvieron", ha reconocido Raskind.